El Microcrédito

Dinero, dice el refrán, hace dinero. Cuando tienes un poco, a menudo es fácil conseguir más. La gran dificultad es obtener ese poco.

– Adam Smith, La riqueza de las naciones, 1776.

Antecedentes

El microcrédito no es nuevo, tiene unos cuarenta años, fue en los años 70 del siglo XX que se acuño esa palabra, según dice el economista Mohammad Yunus, sin embargo, existen referencias mucho más antiguas, de hecho, Jonathan Swift, el escritor irlandés del siglo XVIII, famoso por su libro Los Viajes de Gulliver, propuso – a comienzos de esa centuria – ayudar a los pobres de Dublín, mediante préstamos de bajas sumas de capital.

La idea fue exitosa y generó el desarrollo de varias organizaciones con tal objetivo, al extremo que se creó la “Loan Fund Board” en 1837.

Según información recabada por Hollis y Sweetman, en su trabajo Microfinance and Famine (2003) uno de esos fondos, en el año 1843, arrojó la siguiente estadística:

  1. Créditos Otorgados: 1649.
  2. Monto Promedio: 3 Libras.
  3. Monto máximo: 10 Libras.
  4. Plazo: 20 semanas.
  5. Pagos: Semanales.
  6. Tasa de Interés: 8,8% anualizado.
  7. Destino de los créditos: Capital de trabajo, inventario, pagar rentas, bienes de consumo.

Un último dato, el 20% de los prestatarios eran mujeres.

El parecido con el microcrédito actual es sorprendente.

Conceptos

Un concepto de microcrédito, extraído de Wikipedia, señala que los “microcréditos son pequeños préstamos realizados a prestatarios pobres que no pueden acceder a los préstamos que otorga un banco tradicional.”

Otra forma común de definir el microcrédito es a través del objeto del mismo. Esa dirección la emplea Yunus en la página web de su banco, Grameen Bank, donde dice que “propone poner etiquetas en varios tipos de microcréditos para poder aclarar, desde el principio de la discusión, sobre cual microcrédito estamos hablando” y de allí propone, el tradicional, el rural, el agrícola, pesquero, etc.

Sin embargo, Grameen, usa la definición del microcrédito como “programas para extender pequeños créditos a gente muy pobre, con proyectos de auto empleo, que generan ingresos que permiten hacerse cargo de las necesidades personales y familiares del prestatario”.

Así pues, de esas tres definiciones y de la experiencia que observé en una institución bancaria especializada, pienso que podemos decir que el microcrédito es un préstamo de capital bajo o mediano, concedido a emprendedores que no tienen acceso a la banca tradicional, con plazos cortos y que, a consecuencia del riesgo y el respaldo requerido por la institución financiera, están marcados por una tasa de interés superior a la de la banca comercial común.

Analicemos esto:

  1. Capital: bajo o mediano.
  2. Destinado a: emprendedores.
  3. Plazo: 6 a 18 meses, generalmente.
  4. Tasa: Superior a la común de mercado financiero.

Estas condiciones son – prácticamente – las mismas que ofrecían en Irlanda en 1837.

¿Por qué el microcrédito?

Las necesidades de las mayorías, la responsabilidad social de las minorías y, en general, la buena voluntad de algunos, históricamente ha venido creando la generación de riqueza.

Con base en ello, se ha hecho necesario ayudar a aquellas personas que desde su autoempleo producen bienes y servicios, sin embargo, para que esos bienes y servicios lleguen a mayores grupos y bajen los costos, es necesaria una mayor inversión.

Así las instituciones microfinancieras, se dedican a otorgar los capitales necesarios para el desarrollo de esos negocios personales y familiares.

Ejemplos históricos hay muchos, en Venezuela, por ejemplo, un grupo familiar que comenzó con un mínimo capital y mucha voluntad es Central Madeirense, donde unos inmigrantes portugueses crearon, desde la semilla, una cadena de supermercados que hoy, en la siguiente generación, incluye bancos y empresas de seguros.

Ahora bien, el microcrédito también tiene sus detractores. Un grupo de gente entiende que el financiamiento del microcrédito no puede generar ganancias y que sólo se debería hacer por Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) o empresas sin fines de lucro. Eso no favorece a los empresarios que están dispuestos a arriesgar su dinero con los emprendedores y sus empresas, al tiempo de limitar los recursos y las instituciones, porque entre los emprendedores hay diferentes tamaños.

¿Por qué las tasas de interés son altas?

La industria del microcrédito es joven, sin embargo, ha tenido un buen desarrollo. Desde el principio el microcrédito se caracteriza por mantener altas tasas de interés, plazos cortos y mucha supervisión.

Eso implica que los costos de la operación son altos y la estructura administrativa es grande, pues debe supervisarse al emprendedor muy de cerca, ya que los lazos con la comunidad pueden ser débiles y, por último, el monto de los créditos es bajo, con eso, cuando un banco tradicional entrega un crédito, un banco de microcréditos entrega cientos de ellos.

Con esto en mente es fácil entender que las tasas de interés tienden a ser altas, pero, es por ello también que las instituciones de microcréditos van mejorando la tasa de interés para aquellos emprendedores que han cumplido de forma excelente con sus obligaciones.

Las Naciones Unidas

El tema del microcrédito es muy bien considerado en ciertos ámbitos, es así como las Naciones Unidas, culminando el milenio decidió declarar el año 2005 como el “Año Internacional del Microcrédito”, y en su lanzamiento, el Secretario General, Kofi Annan, 18 de noviembre de 2004, indicó lo siguiente:

La microfinanciación ha demostrado su valor, en muchos países, como arma contra la pobreza y el hambre. La microfinanciación puede mejorar realmente la vida de la gente, especialmente la de quienes más lo necesitan.

Un pequeño préstamo, una cuenta de ahorros, una forma asequible de remitir el cheque del sueldo al país de origen pueden significar toda la diferencia para una familia pobre o de bajos ingresos. Con el acceso a la microfinanciación pueden ganar más, acumular un patrimonio y protegerse de mejor forma contra pérdidas y reveses inesperados. Pueden trascender la supervivencia cotidiana y planear para el futuro. Pueden invertir en una mejor nutrición y mejor vivienda, salud y educación para sus hijos. En pocas palabras, pueden quebrar el círculo vicioso de la pobreza.

Si hemos de alcanzar los objetivos de desarrollo del Milenio, ése es exactamente el tipo de progreso que debemos lograr.

Pongamos algo en claro: la microfinanciación no es caridad. Es una forma de hacer extensivos a los hogares de bajos ingresos los mismos derechos y servicios accesibles a todos los demás. Es el reconocimiento de que los pobres son la solución, y no el problema. Es una manera de aprovechar sus ideas, su energía y su visión. Es una forma de levantar empresas productivas y posibilitar así que las comunidades prosperen.

Cuando los negocios no se pueden desarrollar, los países no pueden crecer. Utilicemos este Año Internacional del Microcrédito para poner a millones de familias en la senda de la prosperidad.

Consideraciones finales

Tanto si hablamos de un área rural en el sur de Asia o de una ciudad del interior de Estados Unidos, el microcrédito es una gran herramienta para aliviar la pobreza. Los proyectos de microcrédito pueden provocar reacciones en cadena porque sacan a individuos de la pobreza y mueven a muchas madres de la asistencia social al trabajo productivo. También crean empleos, promueven los negocios y generan capital en áreas deprimidas.

– Bill Clinton. Cumbre sobre Microcrédito. Washington D.C. 3 de febrero de 1997

Habrá que seguir de cerca el desarrollo de las actividades microfinancieras de ONGs e instituciones especializadas que están tratando de hacer un frente común con los gobiernos en la lucha contra la pobreza, pero teniendo en mente el dicho de “al hambriento no le regales un pez, enséñalo a pescar”.

Comentarios